lunes, 29 de septiembre de 2014

ICOMPRENDIDA...

¡¡Hola soy Alexa!! Yo no comprendo nada, soy una incomprendida, si, eso es lo que soy. Incluso mas incomprendida que Wendy una de las protagonistas del libro: ¿Puedo soñar contigo? de Blue Jeans.
No entiendo por que nadie es sincero, solo cinco o seis personas son sinceras a mi al rededor. Cuando uno no es sincero y quiere que yo sea su amiga...que se olvida de mi, por que yo ODIO Y DETESTO A L@S PERSONAS QUE NO SON SINCER@S. ¿Tanto cuesta ser sincero? No es injusto...todo el mundo tiene miedo de decir la verdad...pero no!  hay que enfrentarse a la realidad hay que ser sincero y decir ADIÓS a las mentiras. Es verdad que a veces es difícil pero ¡Hay que ser valientes! TODOS hemos mentido alguna vez si...pero no tiene que ser SIEMPRE. ¿Que pasa , que a la gente le gusta vivir de las mentiras? Lo que mas me jode es que me engañe alguien es lo que mas me duele y me toca las narices...Si soy incomprendida... hoy estoy tan triste y deprimida....Solo me apetece escuchar música triste...Lo siento tanto por una amiga...a la que tanto quiero. Y lo peor de todo es que tengo que ser sincera con ella y lo seré pero se que le dolerá mucho y que le provocará un herida muy profunda...estábamos tan ilusionadas pensando que el resultado fuera positivo pero no al final es negativo...lo suyo si que no era un amor pasajero, ella lo amaba y lo quería y sigue queriéndole y amándole con locura...Pero el, el muy IMBÉCIL...a gustos colores...pero como puede ser tan insensato y tener UN corazón de piedra...el problema es que la respuesta definitiva se la tengo que decir yo...¡¡Espero desaparecer por unos minutos, que la tierra me trague!!¿Por que leñes tiene que ser la vida tan injusta y dura con nosotros? Tanto dolor y desesperación han acabado conmigo.  No me encuentro bien...he echo tanto por ti cielo, para que puedes cumplir tu sueño, pero no he podido cumplirlo, no sirvo para nada...Lo que soy es una INCOMPRENDIDA.
Siento aburriros con mi vida...
PS: Gracias Nelly, Rebeca, Aurora.... por halagarme y llamarme guapa, pero ser sinceros de una vez ¡No lo soy! Vosotras si que lo sois. Os quiamo.
Muchos besos,
Alexa
¡FELICIDADES ÁLVARO! Que cumplas muchos mas...


sábado, 27 de septiembre de 2014

LOS DIABLILLOS DEL SEÑOR

¡¡Hola soy Alexa!! Quiero dar las gracias a mi querido club: LOS DIABLILLOS DEL SEÑOR.
Al que aprecio mucho, mucho. Siempre me habéis sacado una sonrisa en mis peores momentos, nunca me aburro con vosotros. Gracias por estar allí y quererme como soy. Gracias por acompañarme todos los días al instituto, aunque a veces no sea puntual... Gracias por estar conmigo en todos los momentos. Gracias por TODO. Espero de todo corazón que nuestra amistad sea eterna y que sigamos siendo unidos durante mucho tiempo. Siempre he sido tímida en el primer momento, es muy difícil que alguien gane mi confianza, pero la habéis ganado. Gracias por halagarme, aunque la consecuencia es que me pongo como un tomate y mis mejillas arden de la vergüenza, pero poco a poco he ido superándolo. Es verdad que a veces me enfade pero no soy nada de nada RENCOROSA. Estaré allí para lo que queráis... Gracias y gracias y mil gracias.






Gracias a Mery, Nelly, Sari, Ivet, Aurora a vosotras también os quiero mucho. Gracias por sacarme 100 sonrisas por segundo. OS QUIAMOO!!!
PS: Seguir a Maddi Rivas en su twitter es: @MaddiRivas
Muchoss besssos,
atentamente,
Alexa

viernes, 19 de septiembre de 2014

¡¡YO SOY AMELIA!!(11ºCAPÍTULO)

El sol asoma tímidamente. Las nubes viajan por el cielo mientras el viento les impide seguir adelante. Pero yo no paro de andar, si, sigo andando, no tengo una dirección fija...
-¿Alexa?
Me doy la vuelta. Esa voz me resulta muy nueva o...¿Quizás no?
-Ah, hola Amelia ¿que tal estas?
-Genial ¡Hoy es mi fiesta!
-Ah, si es verdad, jaja...Gracias por invitarme.
-¿Yo?
-Si, tu me has enviado una invitación.
-Yo no he sido, te lo juro.
-¿Entonces? ¿Quién me la ha enviado?
-La verdad es que mi hermano Joe...Es decir, el las ha preparado. ¿Pero desde cuando te conoce?
-Vamos juntos a clase.
-Ah, bueno, pues ha echo muy bien en invitarte.¡Nos lo pasaremos guay!
-Ah, gracias. Si, eso creo, hasta luego.
Y con un gesto de saludo, siguió caminando. Amelia pensó, ¿Qué raro se está comportando Alexa? ¿Que le habrá pasado? o mejor dicho ¿Que le está pasando?
Amelia se había despertado muy pronto para ir a su escondite secreto. Y por el camino, por casualidad se había encontrado con Alexa. Después de hablar con ella, se dirigió al escondite secreto.
-Jack ¿Estas allí?
Pero nadie responde.
-¡Jack, lo siento mucho! de veras...¿Dónde estas?
-Ah si...pues si es así vale. Yo también lo siento ¿Qué tal?
-Yo muy bien...jeje. Hoy es mi fiesta.
-Ah...yo también iré. Joe me ha invitado.
-Quieres decir...¿Ha descubierto nuestro secreto?
-Si claro. Ya sabe que no soy tu amigo imaginario...si no tu...
-¡Basta!
-Amelia ¿Lo tendrán que saber algún día, no crees? Estoy harto de que me llames amigo imaginario. Por que yo no lo soy...Soy Jack. Solo. Y EXISTO.
-Bueno vale, ya te presentaré a mis padres , en la fiesta. Nos vemos luego.
-Adiós, querida.
-¡No me llames así leche!
-Vale vale no me comas, pero ¿Por qué?
-¡Por que me da vergüenza, leñes!
-¿Y cómo quieres que te llame?
-Amy ¡A secas! Hasta luego.
-Hasta luego, Amy.
Amelia estaba super que contenta por hacer las paces ¡Con su Jack! Todo se ha resuelto, excepto, el motivo del comportamiento de Alexa, pero estoy segura de que lo resolveré.
Alexa seguía andando. Hasta que de nuevo le llamo alguien.
-¡Alexa, hola!
Se dio la vuelta y casi se le había parado el corazón del susto que se llevó. Era Joe.
-Hola
Dijo Alexa muy seria,
 ¿Queréis saber la verdad? Les estaba espiando de cerca ¿Quién? ¡Como no! Yo Amelia, ademas poco a poco me voy aclarando de que le pasa a Joe estos días y lo que le esta pasando a Alexa, os sigo en especie de relato lo que está pasando. Sigo. Shhh! y leer detenidamente jeje.
-Pensé que Amelia me había invitado, resulta ¡Qué no! Que es el ¡Sabelotodo Joe! ¿Por qué me has invitado? Dime
No os imaginéis la cara que puso mi hermano Joe ¡Estaba como un tomate! Joe no sabía que decir.
-Pu...es por que....Amelia me hablo de ti mucho,y pensé que le gustaría que fueras.
¿Yo? ¡Yo nunca le he hablado de Alexa! ¡Que gran mentiroso! Estas mal de amores hermanito.
-¿Ah, si? Pos muy bien, hasta luego.
-¡¡Alexa!!
Se dio la vuelta y le dijo:
-Dime
El la respondió romántica mente.
-Te quiero.
Oh! Os explico Alexa no sabe que escribo esta entrada, por que si no me mata, la que escribe la entrada soy yo ¡Amelia! Era muy fácil saber la contraseña ¡Joe! Pero evidentemente la he cambiado, ya se la daré Alexa y le pediré disculpas. ¡Pero es que es muy gracioso! Espero que os haya gustado la entrada, Alexa no se conectará en unos días, los comentarios los responderé yo.
Muchos bessos,
Amelia.

martes, 16 de septiembre de 2014

Vuelta a los estudios...

¡¡Hola soy Alexa!! Antes que nada, siento dejar el blog abandonado durante mucho tiempo. He estado de vacaciones y no me he podido conectar. Lo siento mucho, espero que hayáis pasado unas estupendas vacaciones, cerca de los amigos y familia. Y comos sabemos todos, los exámenes han vuelto de las vacaciones y los estudios también. Y nos han obligado volver de las vacaciones a nosotros también, a si que os deseo a todos un buen comienzo escolar, lleno de información y evidentemente lleno de cosas nuevas para aprender. Estaré publicando entradas y conectada en mi gmail, podéis contactar conmigo cuando queráis, estaré siempre allí. Saludos a todos mis queridos seguidores y seguidoras y vuelvo a pedir perdón por dejar abandonado el blog bastante tiempo. Saludo también a todos los blogs del mundo, por estar allí!! Recuerdo y recomiendo, que participéis en el concurso de Caluar. Para informaros podéis ver la entrada que esta en el blog dedicada para ellas o bien visitar su blog, allí esta todo perfectamente explicado.Aqui os dejo un relato de Terror, me ha llamado la atención mucho!! Apagar las luces, coger una almohada y a leer!! Y precisamente la historia empieza asi:
EL ALMOHADÓN DE PLUMAS: HORACIO QUIROJA
Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.
Durante tres meses -se habían casado en abril- vivieron una dicha especial.
Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.
La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso -frisos, columnas y estatuas de mármol- producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.
En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. No obstante, había concluido por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.
No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de él. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la cabeza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.
Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absolutos.
-No sé -le dijo a Jordán en la puerta de calle, con la voz todavía baja-. Tiene una gran debilidad que no me explico, y sin vómitos, nada... Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida.
Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin oír el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, mirando a su mujer cada vez que caminaba en su dirección.
Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.
-¡Jordán! ¡Jordán! -clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.
Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror.
-¡Soy yo, Alicia, soy yo!
Alicia lo miró con extravió, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola temblando.
Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.
Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.
-Pst... -se encogió de hombros desalentado su médico-. Es un caso serio... poco hay que hacer...
-¡Sólo eso me faltaba! -resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.
Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha.
Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán.
Alicia murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.
-¡Señor! -llamó a Jordán en voz baja-. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.
Jordán se acercó rápidamente Y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.
-Parecen picaduras -murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.
-Levántelo a la luz -le dijo Jordán.
La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.
-¿Qué hay? -murmuró con la voz ronca.
-Pesa mucho  -articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.
Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós. Sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.
Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca -su trompa, mejor dicho- a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón había impedido sin duda su desarrollo, pero desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había vaciado a Alicia.
Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma.
Atentamente,
Alexa